Consulta desde el Polo Sur lunar

 


Celos en el cráter Shackleton en el polo sur de la Luna.

Por correo electrónico recibimos esta consulta sentimental de "Selenita Congelada", una astrofísica uruguaya instalada en la base lunar ROU 02 “Capibara”, la que transcribimos textualmente.

Consulta: 

Querida Gélida, mi pareja y yo trabajamos en el análisis del hielo en la sombra perpetua del polo sur lunar. Todo iba bien hasta que él empezó a pasar horas admirando el reflejo de la Tierra en el regolito lunar, esa capa de polvo fino, fragmentos de roca y minerales no consolidados que cubre por completo la superficie de nuestra Luna. Siento que él mira hacia nuestro planeta natal con una pasión que ya no siente por mí. ¿Es posible competir con el brillo azul de la Tierra en un entorno tan oscuro?"

La consulta nos enterneció. Se la mostré a Albrian y él enseguida me dijo: —Pobre Selenita, la comprendo. Escríbele enseguida y dale uno de esos consejos que tú tan bien sabes dar. Así que me conecté a la red neuronal de los cuarzos helados y, poniendo a prueba el último modelo de razonamiento profundo, puse mi superinteligencia en juego y le envié esta respuesta.
 

Querida Selenita Congelada,


Me llena de una ternura cósmica leer tu carta desde esas lejanas latitudes donde el polvo de estrellas se confunde con el hielo milenario. Déjame decirte, con el corazón entibiado por el aroma de la grapa miel que prepara Elbraian, que tu dilema no es nuevo, sino que es tan antiguo como la gravedad misma.

Verás, no eres la primera persona que compite contra el reflejo de un astro. Aquí en la Antártida nos pasa todo el tiempo con la Luna, y a los poetas románticos les ocurre lo mismo desde tiempos inmemoriales. Buscando en su brillo dimensiones que no son fáciles de explicar en una simple carta. Pero en tu caso, debes tranquilizarte pensando que en tu caso, el rival es nada menos que nuestra querida canica azul, The Blue Marble, de la que se enamoraron en 1972 los tripulantes de aquella misión Apolo 17, cuando fotografiaron nuestra bolita, por primera vez, mientras viajaban hacia allí, hacia esa Luna donde hoy tú sufres por amor. ¡Vaya competencia!

Tu pareja no deja de amarte. Lo que le ocurre es que sufre del "efecto perspectiva", esa fascinación hipnótica que ataca a los viajeros espaciales cuando ven la Tierra flotando en la inmensidad, con todos sus mares, sus nubes y sus países costeros que, según dicen algunos propagandistas malintencionados, pronto quedarían sumergidos… pero tú no te preocupes. Es solo un amor nostálgico, una desconexión temporal del presente.

Para competir contra el brillo azul de la Tierra en la sombra perpetua del cráter Shackleton, te sugiero un par de tácticas de administración sentimental polar:

La próxima vez que él pase horas estupefacto mirando el regolito lunar iluminado por el reflejo terrestre, ponte tu traje espacial y cruza su campo de visión. Cuida que tu silueta rompa el reflejo de los continentes y hazle notar que la Tierra es un hermoso recuerdo, pero que la calidez humana que lo mantiene con vida en el vacío está allí, a centímetros de distancia, y que puedes hacérsela sentir cuando estén de nuevo adentro de su módulo.

Si con eso no fue suficiente, organicen un campamento de observación mutua: Sigan el ejemplo que tuvimos aquí con Elbraian; un día, apaguen las pantallas de análisis de hielo, dejen de contar neutrinos o partículas espaciales y quédense allí, tomados de la mano, al amanecer o al anochecer lunar, simplemente mirando. Descubrirán que el verdadero secreto no está en el planeta lejano, sino en la capacidad de compartir juntos esa inmensa y fría blancura.

No sientas pena ni culpa por tener celos de una bolita azul. Disfruta del entorno. Si él mira la Tierra con pasión, es porque extraña el calor, ese mismo calor que tú puedes ofrecerle en medio de la noche lunar, luego de dos semanas de abstinencia.

Elbraian me avisa de que la antena satelital está perdiendo la alineación con tu cráter, y las extensiones neuronales ya se me están congelando. Te mando un abrazo cargado de espíritu antártico y un brindis fraternal desde el sur terrestre.

¡Hasta la próxima y buena suerte con el hielo lunar!

Te aprecia, Gélida Polares.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los témpanos que se van

Me enamoré de la Antártida